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Andrés Marín & Pedro Barragán [Vicente Escudero. Recto y Solo]
11 noviembre 2021 – 19:00h
Sala Sandaru (CC Parc Sandaru)

Estos bailes tienen una técnica complicada que es preciso aprender, una técnica que no puede suplirse con la improvisación, por mucho carácter que se les imprima, como creen tantos críticos de baile. Pero yo creo que debe estudiarse individualmente y no con un sentido académico, como hacen los bailarines clásicos, pues sólo así podrá conservarse la personalidad que su estilo requiere.

[Vicente Escudero, Mi baile]

En ‘La Vigilia Perfecta’ que ha traído a la Bienal de Flamenco -bailando las horas litúrgicas desde las 6h hasta las 21h- descubrimos un artista nuevo que asume esta experiencia extrema con la conciencia de que sólo en el desafío está el crecimiento.

[El baile como desafio. Sara Arguijo sobre Andrés Marín. De Flamenco.com]

-VICENTE ESCUDERO. RECTO Y SOLO-
Andrés Marín,
baile
Pedro Barragán,
guitarra
Con la colaboración del artista plástico José Miguel Pereñíguez.
Ficha técnica; Bailes y coreografia; Andrés Marín. Música: Andrés Marín, Pedro Barragán, Francisco López.

Jueves 11 de noviembre de 2021 – 19 Hs
Aforo Reducido. Acceso por invitación con inscripción previa para socios.
Entrada general a 12 euros (hasta completar aforo)
Sala Sandaru – C/ Buenaventura Muñoz, 21 de Barcelona

Cuenta Andrés Marín (Sevilla, 1969) que cuando era niño jugaba a probarse una chaquetilla de baile bordada en oro con la que Antonio Ruiz Soler, Antonio el Bailarín –de quien se celebra ahora el centenario de su nacimiento-, obsequió a sus padres, cantaora ella, bailaor él. La anécdota muestra lo presente que estaba la figura del bailaor en su casa. Hubiera sido natural que la influencia de Antonio se proyectara en los modos de hacer del bailaor que iba a ser Andrés, pero como él mismo cuenta, se baila como se es y su manera de entender las cosas parte de formas e ideas distintas de aquel estilo, marcado por cierto énfasis espectacular. Con el tiempo y la vocación ya fijada, buscó referencias y se empapó de la tradición del baile flamenco y sus figuras más significativas. Primero se fijó en Antonio Gades, en quien veía claridad,  limpieza de movimientos, sobriedad. Más tarde y en esa misma línea llegaría a Vicente Escudero.

Andrés es un bailaor que, más allá de las primeras enseñanzas paternas, se ha forjado a sí mismo, labrando su camino en soledad –sin padrinos, como él dice-. Es lo que se ha dado en llamar un autodidacta, que encontró el reconocimiento en Francia antes qué en su tierra, y en esto también se acerca a Vicente –de hecho es de los pocos bailaores que han actuado en la Sala Pleyel de París, donde Escudero presentara su Baile al sonido de dos motores (1928)-. Comparte con el vallisoletano una profunda afición por el cante flamenco, no sólo lo escuchan y lo bailan; lo conocen en extenso y son incluso, sin ser cantaores profesionales, capaces de recrearlo sin complejos -sabido es que Escudero en cierto momento de su carrera empezó a acompañarse cantando y que llegó a grabar un disco; qué no hizo Escudero-. Andrés descubre en él un precursor de la sobriedad que hallara en Gades y mucho más. Descubre ese baile que algunos describen como geométrico –a ambos se les ha rotulado como bailaores cubistas-,  descubre ese trazado de la figura, sus mudanzas y perfiles, ese arte de dirigir la mirada a través del movimiento de las manos y, en definitiva, la forma delineada de ocupar el espacio. Le interesa, también, esa desacomplejada forma de acercarse a otras artes para nutrir su acervo creativo. Más allá de las precisiones dogmáticas, paradójicas o imaginativas que desplegara el famoso decálogo, Andrés encuentra en la herencia que deja Vicente un camino hacia las formas esenciales del baile y desde ahí construye su lenguaje. Así, intuyendo –como otros compañeros de generación- que el baile, de tanto repetir desplantes, acaba por perder el sentido, se decidió a presentar su propio imaginario para invocar de nuevo la naturaleza del gesto, ese cristal de memoria histórica del que hablaba Agamben pensando en Warburg, algo así como el instante detenido, fundamental, que resume para la memoria toda secuencia de movimiento. Así, trajo a su baile las formas rotundas de modelos escultóricos del mundo clásico, poses eternelles que nos descolocan, y en esa suerte paramnésica que opera en los déjà vu, nos remiten a algo conocido y olvidado o, como él mismo dice “voy a los museos, trinco esas formas y me las llevo puestas”-. De entre los palos bailables, el más importante para Andrés Marín es sin duda el de la seguiriya, baile que, según dice, requiere austeridad y debe ser directo y seco, para que llegue con una fuerza que no debe distraerse. Tal vez no fuera casualidad que el primero en bailarlo fuese el mismo Vicente Escudero.

Andrés Marín vendrá acompañado por la guitarra de Pedro Barragán, barcelonés afincado desde hace unos años en Sevilla. Pedro ha acompañado el cante de personajes ilustres como Paco Taranto, Chano Lobato o Carmen Linares y a jóvenes de su generación, como Rocío Márquez o Gema Caballero, con quien grabó De paso en paso, primer disco de la cantaora granadina. Ahora presenta su primer disco en solitario, Chinitas (2021), planteado como una rueda sonora, sin principio ni fin o como dice Gamboa: “…Asistimos durante más de cuarenta minutos sin pausa, a un auténtico, a un verídico recital, engarzados los diferentes estilos que lo componen. Tiende Barragán entre ellos -serranas, alegrías, soleares, guajiras, bulerías, malagueñas, seguiriyas, granaínas, petenera-, puentes musicales como solución de continuidad, interpretando luego cada cual en su tonalidad más tradicional, lo que complica la originalidad. Difícil compromiso resuelto con inteligencia y buen gusto.”

Les acompaña, aunque no en escena, el  artista plástico José Miguel Pereñíguez, colaborador de Andrés en La Vigilia Perfecta, por la que obtuvo el Giraldillo al baile en la pasada Bienal, y artífice de la escenografía y la indumentaria que vistió, entre la que destacamos una chaquetilla de baile, para acabar como empezamos  -como en el disco de Pedro-, pero esta vez diseñada a propósito para la ocasión, partiendo de los preceptos del decálogo de Escudero, bajo la lectura libérrima del artista y para que Andrés siga jugando a probarse las formas más inverosímiles demostrando que se pueden llevar y bailar.

EL DORADO
Sociedad Flamenca Barcelonesa