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Presentación del Ciclo «Lo Morente» / octubre-diciembre de 2015
01 octubre 2015 – 20:00h
Sala Sandaru (CC Parc Sandaru)

LO MORENTE

 

A lo largo del curso 2015-2016, de octubre a junio, El Dorado SFB, organizará una serie de actividades en torno a una temática concreta. Lo Morente dará nombre a un ciclo cuyo objeto será hacer visible, a través del discurso explícito de los propios profesionales, algunos modos y maneras de cómo se produce la transmisión de saberes en el mundo del Flamenco.

Se trata de una vieja idea que nos acompaña desde hace algún tiempo. Estaba pensada para desarrollarla en el marco de un trimestre, como un tema monográfico que abarcara todas las actividades del mismo. Pero ni las previsiones presupuestarias se cumplieron, ni tampoco fructificaron los intentos de colaboración con otras entidades para poder poner en pie el proyecto en los términos en que se pensó.

Así que, ante la amenaza de que la cosa pasara a mejor vida y se cubriera de polvo en el desván de los recuerdos, quizás con más osadía que prudencia, hemos decidido no aplazarlo más sino abordarlo solo con nuestros recursos introduciendo algunos cambios para hacer más llevadera la empresa. Con esa intención hemos ampliado el ámbito del ciclo de un trimestre a un año, reduciendo en número las otras actividades ajenas a esta temática que completarán los tres trimestres.

Previamente, dos cuestiones básicas que, aunque sabidas, no está de más recordar.

Por un lado, se sabe que la música es un poderoso vehículo transmisor de las emociones básicas del ser humano y también que su lenguaje de comunicación es inmediato, directo entre emisor y receptor sin más mediación que las propias limitaciones que uno u otro dispongan.

También sabemos que el Flamenco, esa música de raíz popular que nos dio la modernidad, proviene de una cultura hablada, de transmisión oral y que gracias a sus intérpretes y a la excelencia de la música que supieron alumbrar cuando se codificó en el último tercio del siglo XIX, traspasó, nada más nacer, el umbral de lo local para hacerse universal.

Porque, aunque el Flamenco es ante todo música, no sólo es música. El Flamenco posee una cultura propia, con sus rasgos distintivos suficientemente definidos que le ha permitido resistir durante años el envite de los procesos generales de aculturación y de sustitución de la cultura popular por la cultura de masas. Es esa identidad que ha logrado configurar la que le ha permitido el grado de independencia necesaria para poder desarrollarse, sintiéndose al mismo tiempo Tradición y Vanguardia, sin que esta contradicción le resultara excluyente ni alterara esencialmente su naturaleza.

Esa propiedad, la de saber conservar los rasgos singulares que lo definen y al mismo tiempo mantener el pulso de los tiempos, se lo debe, fundamentalmente, a las aportaciones que han hecho y hacen sus intérpretes al fondo artístico común.

Así pues, dejemos que sean ellos, los profesionales del flamenco, quienes nos expliquen a través de sus percepciones y experiencias vividas, las claves de ese aprendizaje permanente que acompaña la trayectoria profesional de cada artista. Serán ellos, unas veces hablando, o más bien conversando, y otras actuando, interpretando, convirtiendo en música sus emociones, quienes apunten formas y modos vividos en ese recorrido vital que representa su carrera artística.

Lo Morente tendrá como eje vertebrador la obra, el legado de Enrique Morente, entendiéndolo no solo por lo que ha dejado grabado o de él han escrito (eso solo es una parte) sino, sobre todo, por la capacidad que posee el impulso creador de su música para seguir viviendo en otros artistas, adoptando en el proceso evolutivo formas diferentes con autorías distintas porque quien la recibe y la interpreta, al hacerla suya,  ya no la hará igual y así, de esa manera, la música de germen morentiano sigue creciendo en otras direcciones distintas a la original. Eso es lo que hizo el propio Morente, en todas y cada una de las etapas que cubrió con otros autores que le precedieron y por eso hoy es referencia para algunos de los artistas flamencos más emblemáticos del panorama actual.

Eso puede ser así porque la obra de Morente, la Poiesis de Morente como la define Pedro G. Romero, “es un modo de hacer radical, opera de raíz, no es que transforme el cante, la concepción de la música flamenca en apariencia formal, lo que hace es estructurar de manera nueva el procedimiento con que opera el cante“, es decir,  no se refiere a las formas que adopta, ni a los estilos, ni a las texturas que resultan, no se refiere a cómo aparecen las cosas, sino a lo central, al meollo, a lo que discurre por debajo. Algo muy parecido a cómo definiría un geólogo un río: no por el agua que vemos discurrir buscando las cotas bajas de la geografía que habita, ya que eso es solo el sobrante, la forma que adopta en superficie, sea torrentera, cascada o meandro; el río es, sobre todo, la cuenca de tierra anegada que discurre por debajo del caudal que vemos, mucho más ancha y profunda y que, en definitiva, es quien alimenta lo que llamamos río.

Así pues, el meollo morentiano, es lo que realmente importa y no tanto las formas distintas que adopta en el discurrir de su camino. Como dice Pedro G., desde Morente se crece porque su música no está sujeta a un estilo sellado “… no solo son cantaores, sino también guitarristas, bailaores, productores musicales, críticos e historiadores, hasta flamencólogos los que pueden construir una estética propia animados por la larga sombra de su poiesis y ello, sin ser necesario que sigan sus reglar estilísticas ni acojan sus modos y sus formas”.

De eso tratará Lo Morente y también, por qué no decirlo, será ineludiblemente un homenaje a su memoria, (cómo no va serlo, con tanto como nos ha dejado). Aunque, en todo caso, no será, al menos no lo pretende, un homenaje al uso referido a su persona, al recuerdo de lo que fue y ya no está porque no es la melancolía ni la nostalgia lo que anima este proyecto, sino la convicción de que en su transcurso veremos cómo han crecido o se transforman algunas cosas que el propio Morente puso en pie y así poder discernir cómo discurre ese proceso dinámico y dialéctico que acompaña la creación.

En este caso, nos sentimos cercanos al sentir de Steingress cuando dijo, a propósito del premio Pastora Pavón, Niña de los Peines que le otorgaron a Morente aún en vida, «… quizás lo más noble de homenajear a un artista sea hablar de su obra, porque es la única razón que lo distingue del resto de los mortales. Es la obra la que da inmortalidad a su creador aunque no le proteja necesariamente del olvido… ya que… la inconfundible virtud del artista, más allá de ser recordado por su obra, es desaparecer tras ella».

Más o menos, de otra manera, con otras palabras y con esa sorna que le era tan propia, es lo que decía el propio Enrique cuando se refería a algunos de los muchos homenajes que recibía: “a mí, es que… los homenajes me huelen a ciprés”.

El formato en el que se desarrollarán las actividades será el mismo que utiliza habitualmente El Dorado. Habrá conferencias, proyecciones de películas, debates, más bien conversaciones bis a bis,  y, naturalmente, conciertos.

Procuraremos, dentro de nuestras posibilidades, que las actividades tengan la representatividad que merece el objetivo que se pretende cubrir y para ello intentaremos contar con la complicidad de artistas y profesionales de distintas generaciones que de una u otra forma han sentido y sienten el pálpito morentiano, unos porque lo han acompañado en vida, participando directamente en proyectos comunes y otros que, por razones de edad u otras circunstancias, han sentido el influjo de su música aunque lo hayan vivido a distancia, sin la cercanía de su persona.

 

En este primer trimestre de Lo Morente, el ciclo desarrollará cinco sesiones con este calendario:

 

Jueves 1 de octubre

1.- Presentación del ciclo a cargo de la SFB El Dorado, proyección del corto Lukamorie de Aina Nuñez y G. Tarroux y conferencia de Pedro G. Romero, El don de Enrique Morente.

Lukamorie es un ejemplo claro de la inmediatez del lenguaje musical. Se trata de un ejercicio fílmico a modo de performance, realizado por la bailaora Aina Núñez y el guitarrista Guillem Tarroux que muestra las impresiones que suscitan a dos ciudadanas rusas, que no conocen el idioma español, la audición de la malagueña del Mellizo Se la llevó Dios interpretada por Enrique Morente y Pepe Habichuela. El ejercicio muestra el sentimiento que les provoca y la certera interpretación que hacen del significado argumental de la copla. Una muestra bastante precisa por el modo en que está contada de la universalidad de la música, en este caso concreto, la flamenca.

La conferencia de P. G. Romero recreará la transcendencia de la obra de Morente y alumbrará por sí misma los objetivos del ciclo.

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Miércoles 28 de octubre

2.- Conferencia Ilustrada de José Luis Ortiz Nuevo, Morente, cantor de coplas, con la participación del cante de Elena Morales y la guitarra de Pedro Barragán.

Ortiz Nuevo, escritor, investigador, actor, poeta en definitiva que, entre otras cosas, inventó y dirigió durante años la Bienal Flamenca de Sevilla. Conocedor profundo, casi por ósmosis, de la obra morentiana, por las tantas cosas y aventuras que compartieron desde que se conocieron, veinteañeros los dos, en aquel Madrid tan vivo de los años sesenta.

Ortiz Nuevo, nos adentrará en la querencia de Morente por la poesía mal llamada culta para distinguirla de la popular. Todo un tratado sobre cómo hay que meter los textos en la métrica flamenca, desde Miguel Hernández a Leonard Cohen, desde Lorca, Alberti, León Felipe, Bergamín, San Juan de la Cruz… hasta la prosa de Cervantes o las recetas de Picasso.

Elena Morales y Pedro Barragán, ilustrarán lo dicho con un pequeño concierto ad hoc, una selección de temas pensados para la ocasión.

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Jueves, 29 de octubre

3.- Concierto de cante y guitarra a cargo de Antonio Fernández y Pedro Barragán.

Antonio Fernández, granaíno, morentiano hasta la médula, autor de un disco espléndido Cristal Suelto, por desgracia poco conocido por las inclemencias del mercado y sus avatares. Con su cante, disfrutaremos de la querencia de Morente por el flamenco clásico.

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Miércoles, 9 de diciembre

4.- Conversación entre José Manuel Gamboa y Pepe Habichuela: Enrique y Pepe, de aquella pareja artística.

Gamboa, escritor, documentalista para programas de televisión, crítico flamenco en numerosas revistas especializadas, fue, entre otras muchas cosas, colaborador habitual en las producciones discográficas en las últimas década de Morente.

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Jueves, 10 de diciembre

5.- Concierto de Pepe Habichuela.

Pepe Habichuela, poseedor de una guitarra espléndida con un sonido propio lleno de flamencura, fue acompañante de Morente en numerosos discos y conciertos, especialmente relevante fue el año 1977, cuando grabaron Homenaje a D. Antonio Chacón y Despegando que significaron un antes y un después en la historia reciente del flamenco.